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viernes, 9 de octubre de 2009

Para gustos... famosetes.

Cada uno con sus rarezas. A mí me encandilan-fascinan-intrigan dos personajes hasta tal punto, que lo que más me gustaría del mundo es invitarles a mi casa a pasar 10 días. ¿Quiénes? Muy fácil...

Son glamourosos, archi-conocidos, auténticos personajes patrios...


... son Camilo Sesto y Bienvenida Pérez.



¿De qué hablan un martes por la mañana? ¿Qué comen? ¿Placton? ¿Criptonita? ¿Qué les interesa? ¿Ven el telediario? ¿Lo entienden? ¿Leen? ...¿saben leer?


No sabéis lo que me impactan los dos.




Camilo Sesto, aparte de que baile como la que más un par de greatest hits suyos como un potrillo desbocado, me resulta indiferente como artista (tampoco me dedico a cazatalentos ni nada parecido...), me parece un fenómeno un tanto extraño, pero personalmente despierta más curiosidad en mí que quién mató a Kennedy (nunca os dije que fuese muy culta...).

¿Cómo creció? Es decir, ¿también fue al cole? ¿era rarito ya de pequeño? ¿tenía novias? ¿novio? ¿amigos?... ¿perro? ¿en qué o quién se basa para componer canciones? ¿por amor tiene el alma herida? ¿tiene alma? ¿siente amor? ¿seguro?
Leo interesada en su web que es un fan confeso de Paul McCartney, entonces ¿por qué compone justo lo contrario? Musicalmente no me gustaría meterme con él, estoy segura que habrá hecho algo meritorio (como El Fary que os comentaba en el post anterior), pero no tengo sensibilidad alguna para juzgarlo.
Una cosa está clara, alguien le tomó el pelo (o bisoñé) con aquella frase de "Mola mazo" y su intento patético por intentar volver a colarse en las pistas de baile. "Mola mazo" es como cuando oigo a mi padre intentando hacerse el joven diciendo "ése es un carroza, porque no es chachi piruli"...


¿Y Bienve? ¿Qué ha hecho Bienve? ¿Por qué está ahí, en el famoso candelabro (antes conocido como candelero)? No quiero repetir preguntas pero ídem. La única pregunta que no me hago es si tuvo novietes, que parece que de eso en su biografía no faltan precisamente.
Sin embargo sí entrevistaría a sus ex-amantes: ¿cómo puede tener usted estómago para liarse con esta señora? No sé, a lo mejor algún amable lector fan de la Bienve me puede explicar algún atractivo oculto invisible a mis ojos...



Resumiros su biografía es harto complicado. Maridos ministros que tienen que dimitir por ella, amantes jefes del Alto Estado Mayor británico, escándalos sexuales, ex-maridos condes rusos multimillonarios, una madre a la que odiaba, confesiones de prostitución eventual, reencuentros con hermanas nuevas, autoproclamaciones varias de ser una pantera en la cama... ni Corín Tellado en su novela más rosa.




¿Os los imagináis 10 días en mi casa? Les haría una anti-excéntrica tortilla de patata, los sentaría delante de un café a ver el telediario y les rogaría que me comentasen qué les inspira cada noticia que escuchan. Que me cuenten anécdotas (no me creería ninguna, fijo), verles despertarse, cómo se visten en su vida diaria, verles compartiendo bote de Titanlux como truco de belleza...





En fin. Cada loco con su tema. Si alguien les conoce, que sepan que tienen las puertas de mi casa abiertas.







Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...

miércoles, 27 de mayo de 2009

La Diosa Fortuna

Últimamente tengo la sensación de que me ha mirado un tuerto. La verdad es que me encuentro en una espiral de mala suerte de la que no sé cómo salir.

Mañana sabré si empieza a cambiar mi sino, o sigo en el imparable ciclón negativo.


Aparte de un par de reveses personales de diferente índole, la cancelación de un mega-viaje a Singapur, con la consiguiente pérdida de dos entradas para la final del Master Series de Madrid al no encajarme los planes, etc... la gota que ha colmado el vaso de mi paciencia fue el siguiente timbrazo en mi telefonillo el otro día:

-Por favor, ¿la señora Garaz?

-Si soy yo.

-Le traigo una notificación.

-Como sea de tráfico puede usted volver por donde ha venido (¡lo que me faltaba!)

-No señora, no es de tráfico.

-Pase usted sin más dilación.
En ese momento atisbé una leve sonrisa en la cara del mensajero. Aún no sabía que las noticias que me traía eran peores si cabe que una notificación de la Dirección General de tráfico...
Cuando llega a la puerta de casa me enseña semi-triunfante el membrete (me cogió manía por mi contestación, le noté cómo se alegraba...). El Comité Electoral Central. Vamos, que estoy jodida, con perdón de la expresión.


Titular-Vocal 1. Vamos, la número 2 de la mesa. La siguiente en importancia tras el Presidente (cargo que por cierto, ya me tocó cuando tenía 18,01 años...).
En realidad me resulta imposible hacerme cargo de mis obligaciones como ciudadana de un Estado de Derecho, así que ya he ido al Juzgado a apelar tal nombramiento, y mañana por fin sabré si veo la luz al final del túnel y empiezo a salir a flote de esta mala racha, o por el contrario el destino se ensaña con mi persona con nocturnidad y alevosía.


Total, que hablando y riéndonos el otro día de la situación que últimamente sobrellevo como puedo con una amiga, empezamos a jugar a un juego (valga la redundancia) un poco macabro que consiste básicamente en preguntarte si prefieres la muerte o la tortura.
Me explico:
Tienes que imaginarte las peores situaciones del mundo y elegir la menos lesiva para cada uno. Es muy básico, pero lo que nos reímos... Os lo recomiendo para liberar tensiones.


Mi retorcida mente da juego a unas opciones de lo más macabras, y la elección se torna de lo más complicada. Os pongo ejemplos:

- ¿qué prefieres, acostarte con Toni Genil o escuchar un disco entero de Camela?



- ¿engordar 10 kilos en una noche o perder el sentido del gusto?

Chorradas por el estilo. Lo que más gracia me hizo fue que mi amiga prefirió cualquier opción en el mundo, CUALQUIERA, a que en el momento de su hipotético casorio, se le pusiese a sangrar la nariz virulentamente echando a perder su vestido y el de las personas de su alrededor, con todo tipo de camarógrafo inmortalizando el momento. Jajajaja...



Yo entiendo que la situación es tremebunda... pero si supiéseis la de opciones macabras que le dí...

¿Y vosotr@s? ¿Qué os parece peor que pasar un domingo desde las 8 de la mañana hasta las 10 y pico de la noche, por unas elecciones que además provocan la mayor de mis indiferencias?



Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...



(os mantendré informad@s de los designios que la Diosa Fortuna guarda para mí...)

martes, 5 de mayo de 2009

No robarás...

Puedo decir CON miedo a avergonzarme... que he sucumbido al deporte nacional por excelencia: robar basura.

Os pongo en situación. La noche de autos me encontraba entrando en el garaje de casa con mi chulazo, y distraídamente miro a mi izquierda y...

...mosquis... vaya par de butacas más monas para mi terraza hay al lado del contenedor...

-¿Qué te parecen pichoncito?

-Que no me representas. No quiero saber nada del tema. Fingiré no conocerte.
Después del corte (de pronto ya no me pareció tan pichoncito), me olvido del tema durante treinta y seis segundos (el tiempo que tardo en introducir ajustadamente el coche en las inverosímiles plazas de aparcamiento de hoy en día), pero la idea rondó mi cabeza de nuevo, y tras pensarlo durante otros 4 segundos me decido de manera unilateral a hacerme con aquellas butacas, no sin antes atravesar un ínfimo ataque de moralidad, ya que desde los 7 años a los pi que tengo ahora he dado la tabarra a mis padres las tres veces que han aparecido en casa con alguna reliquia de la que se había deshecho algún vecino sin sensibilidad. ¡Y ahora soy yo la que lo hago!
Superado tal ataque, de duración aproximada de 8 segundos, me enfrento al siguiente ataque, bastante más intenso, que invade mi cerebro: ¡la vergüenza!
Necesitaba actuar limpiamente, de manera rápida, para ser vista por el menor número de viandantes posible. Que me vean hurgando en la basura es una imagen a la que no me puedo enfrentar. Así que intento acordarme de las claves de Marnie La Ladrona (aunque no tengo tiempo ni medios para cambiarme y adquirir el glamuroso total black de Tippy Hedren) y en vulgares vaqueros me deslizo entre las sombras del garaje mientras dejo a mi hombre descargando la compra semanal y recordándose el porqué de nuestra relación.


Asomo la cabeza por la puerta del garaje diseñando la estrategia del hurto. Ni Perry. Me envalentono y salgo a la calle.


Me acerco a las butacas para examinar su estado y de entre las sombras, de la manera más repentina y sorpresiva, brota una señora:

-¡Son una monada, ¿eh?! Ya les había echado yo el ojo. ¡No lo dudes guapa!

-D'oh!



Tras hiperventilar durante 6 segundos, me repongo y me digo: "sólo te ha visto esta señora, no la conoces de nada, y probablemente nunca irá a tu casa; es más, no la volverás a ver en tu vida".

Me repongo un poco, pero mis mejillas parecen magma por el bochorno; dignas del más exhaustivo estudio científico. De hecho tengo la sensación de que ilumino un poco la acera. Nada ventajoso para la discreción que busco en tan delicado momento.



Examinada la pareja butaquil (que veo nítidamente en medio de la noche gracias a mis mejillas antes comentadas) determino cual anticuaria acreditada, que están en perfecto estado para uso doméstico.

Supongo que habéis visto en las películas que los asesinos y secuestradores tras cometer su delito se suelen cambiar el look, supongo que para expiar la culpa. Pues bien, yo ya tengo en mente la pintura que voy a comprar para que las pobres víctimas (butacas) nunca me recuerden el terrible lugar de donde procedieron. Las visualizo ya en mi terraza, son mías.


Pongo butaca sobre butaca , resoplo, y empezando a vencer (o eso es lo que yo creía) la terrible sensación de vergüenza que se apodera de mí, me deslizo de nuevo entre las sombras del garaje. Me encuentro a escasos metros del ascensor, y una vez allí ya me encontraría protegida de miradas indiscretas. Mi meta a tiro de piedra. Sólo me ha visto aquella estúpida señora que paseaba al chucho, prueba casi superada.


Me las prometía muy felices a 15 metros de la puerta del ascensor cuando... ¡Maldición! Una pareja mayor y bastante desagradable se dirige a su utilitario. ¡Mis vecinos del primero! Me pillan. Qué vergüenza.

No tengo alternativa. Se encuentran entre mi chulazo (que ya está saludándoles) y yo. No puedo ir ni palante ni patrás. Let's face it.



En pleno microinfarto, inspiro y expiro repetidamente (pesan las jodías) y decido actuar de la única forma posible: fingiendo naturalidad. Como si robase cosas en la basura todos los días. Como si llevase un guante blanco en el bolso por si acaso. Levanto barbilla y saludo. El color de mis mejillas se ha encendido tanto que ya parecen los faros de Xenon del coche.
La señora se empieza a sonreir y de pronto lo entiendo todo... ¡horror! ¡qué bochorno! ¡son suyas! ¡las ha tirado ella! ¡y yo ahí recogiendo su basura 9 minutos más tarde! La cara de mi maromazo es un poema, y yo visualizo mentalmente el desfibrilador de emergencia que guardo en casa para usarlo en cuanto suba.


- Monas, ¿ehhhhh?
- Sí señora, pero es que yo...
- Claro hija!!! Si la juventud tenéis que disfrutar!!
- Ya señora pero permítame explicarle...
-Además están nuevas, ¿eh?
- No lo dudo, pero...
- Lo que pasa es que ya no tenemos espacio en casa.
- Es una lástima, yo...
- Hale guapos, que las disfrutéis!
- Seguro que sí, lo que pasa es que...
- Adiós!! Ayyy esta juventud..

En esta pequeña fábula mi mensaje es que para algo está el mandamiento número siete. Lleva miles de años pensado, analizado y comprobado. Pero yo siempre me tengo que creer más lista que nadie y lo pago con los sofocones que me agarro.




Eso sí, me quedan de monas....



Hasta pronto pequeñ@s drugos...

domingo, 3 de mayo de 2009

Viaje con nosotros

Deshechas las maletas, puestas unas cuantas lavadoras y retomando mi vida, me planteaba (¡cómo no!) la intrigante actitud del ser humano.
Ante un gran viaje (más allá de Burgos) la reacción normal, por lo menos la mía y la de las personas que me acompañaron, es: ¡pufff! no me lo creo.

Te compras el billete como quien se compra un cupón, en plan, luego habrá un sorteo y a ver si me toca. No te crees que te vayas a ir.


Seguro que al final surge un imprevisto del tipo se-cancela-el-vuelo-por-haber-un-meteorito-intergaláctico-en-el-medio-del-areopuerto-y-lo-ha-puesto-todo-perdido o del tipo lamentamos-comunicarle-que-el-comandante-y-la-tripulación-han-sido-contagiados-virulentamente-por-un-virus-porcino-que-les-paraliza-las-manos-por-favor-abandonen-el-avión-por-la-puerta-delantera... y tu te quedas en casita tal y como estabas, que tampoco se está tan mal (piensas para convencerte).

La emoción previa a un viaje yo no la comparo con nada. Se va acercando el día,y empiezas a soñar con el sitio, a imaginarte paseando por sus calles, yendo de compras (compras, sobre todo compras!)....

¡¡Y llega el día!! Te ves en el aeropuerto, tarjeta de embarque (si no las has imprimido ya desde casa), control de seguridad, por-favor-señora-sáquese-los-zapatos, ¡¡uy!! si yo no sabía que no podía llevarme mi bote de laca de 3/4 de kilo a casa de mi cuñado que el pobre está fatal (verídico), puerta de embarque y por fin...
¡gracias, buen vuelo!
La azafata destroza tu preciada tarjeta de embarque la cual has custodiado como a tu propia vida, y ya estás en el avión.
Al sentarme en mi sitio que identifico alfanuméricamente, ya me siento otra vez como en casa. Cual can, reconozco bien el asiento, me aferro a él, y me entran unas irrefrenables ganas de orinar alrededor marcando territorio. Y lo haría si cupiese en esa postura, pero hacinados como vamos en los aviones, se me antoja una maniobra digna de la mejor contorsionista. Ese es mi sitio donde comeré y dormiré las próximas horas. Lo más parecido a un hogar. Triste, ¿eh? Quizá con unas cortinas...

Es entonces cuando mi actitud va cambiando. Empiezo a venirme arriba. Irremediablemente estoy yendo a mi destino (salvo que el avión dé la vuelta por Melendis, etc...) y me voy creciendo. Mi actitud empieza a ser más del tipo: bueno, a ver qué tal está la famosa ciudad ésta. Como ya, haciéndome la interesante.

Tras cabecear de manera olímpica (debería ser un deporte, soy tan buena!) encima de mis pobres vecinos de asiento, oyes cómo el Comandante dice por megafonía que en 20 minutos estaremos en destino, que la temperatura es de tantos grados, y que esperan volver a vernos pronto, cosa que así harán ya que nos tienen que devolver a casa...


Y llegas al destino con el que has estado soñando y esperando semanas o meses, según tu capacidad de planificación. Atraviesas el nuevo aeropuerto que siempre me parece muuuuuucho peor que mi adorada T4, y te vas al hotel/apartamento/casa de un amigo.
Por el camino vas flipao mirando por la ventanilla cual Paco Martínez Soria, y yo en general hablando con el taxista de turno.


Una vez instalado en tu alojamiento, sales a la calle, y ya vas flipando menos. Hasta que en cinco minutos, ya te sientes de ahí. Es como si llevases ahí toda tu vida. Te atreves con frases como "hombre, todo el mundo sabe que el mejor restaurante es CasaPepe (por ejemplo)", o "no, yo paso de ir a la cafetería donde Hemingway se fue sin pagar porque es muy turística"
... pero... ¿y tú qué te crees que eres? ¿un turista de diferente raza? En general las cosas turísticas son turísticas por algo, no? Hay pequeñas excepciones donde lo que son es una tomadura de pelo, pero en general, si algo es turístico es porque tiene algún atractivo digno de ver, ¿no?


En fin, como ya llevamos varios días en el destino soñado, ya te crees por encima del bien y del mal. Saludas al de la panadería como si tal cosa, y ya te sabes las líneas de metro/bus que coger para manejarte por la ciudad.




Y cuando ya te crees el rey del mambo... ¡¡arrivederci!! Se acabó lo que se daba. Hasta luego. Sayonara baby. Auf Wiedersehen. Aloha. Ciao. Agur. Au revoir. Bye bye. Vuelta a casa. Qué pena...
Hay una parte de mí que siempre quiere volver para estar en casita, con la gente a la que echas de menos... Pero otra parte ya se queda en esa ciudad para siempre. Yo me creo un poquito de allí. De hecho mi actitud al volver a España es tan fanfarrona que tengo que dejar pasar unos días sin hablar con mis amigos para conservarlos. Lo sé y lo asumo.


Viaje a la inversa con sus por-favor-señora-quítese-los-zapatos, y tú te has vuelto a olvidar y te pillan con el tomate en el calcetín otra vez (esas cosas sólo nos pasan a unos cuantos, yo creo que damos el perfil, cualquiera que sea, y van a por nosotros), y vuelves a casa.
El aeropuerto español de turno al que llegues ya te parece el salón de tu casa. Los euros, las marcas, los periódicos, los precios de un sandwich en el aeropuerto (deberían cotizar en bolsa)... todo lo conoces.
Luego a contar el viaje por ahí, recopilar fotos y mandárselas a tus compañeros de hazaña, y en menos que canta un gallo... como si nada. Sigues con tu rutina como si nunca hubiéses salido del barrio.
¿Lo bueno? Es que ese viaje no lo olvidarás nunca. Yo creo que con un viaje aprendes más que con 100 libros (y eso que me considero una ávida lectora), es un enriquecimiento personal sin parangón. Captas (cada uno con su sensibilidad y con sus intereses) cómo es un país, la personalidad de sus gentes, la calidad de su gastronomía (que a veces es para llevarse la barra de salchichón en la maleta), costumbres diferentes... y eso es lo importante de viajar, las cosas que por mucho que leas, no te imaginas. Que tienes que captar in situ.


Así que, poned un viaje en vuestras vidas, siempre que vuestra economía lo permita, aunque no os engañéis, se puede viajar por tres duros, y más ahora con esta estúpida crisis que hay unas ofertas que pa qué...


Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...