domingo, 24 de mayo de 2009

En conserva

En fin... pues ya pasó.


Desde los 12 ó 13 años he sido consciente de que en algún momento iba a tener que escuchar la maldita frase, y cada año he cruzado los dedos en los momentos cruciales y la he ido esquivando como buenamente he podido.



Pero este año ha llegado el momento. Qué depresión.



El viernes fue mi cumpleaños. Normalmente es un hecho que intrínsecamente me da igual. Pero este año no me digáis porqué le tenía pavor. Terror.

No quise ver a nadie, y lo único que hice en todo el día fue ir hasta el supermercado de al lado de casa dando un pensativo paseo y comprarme una botella de Champagne para emborracharme sola (cosa que no os creáis que hago muy a menudo, que está sonando a Alcohólicos Anónimos...).
Y así hice.



Fui sobrellevando el día de la manera más digna, y entonces, cuando ya creía que me había librado... la llamada maldita.



- ¡¡Felicidades!!

- Hombre, pues muchas gracias.

- ¿Cuántos cumples?

- x+y, fíjate qué horror...

- Pero mujer, si te conservas fenomenal para la edad que tienes.

Ahí está la perla.
Te conservas fenomenal PARA LA EDAD QUE TIENES.

Ahí es ná. Como unos mejillones en escabeche.


Me reservaba el champagne para el atardecer, en la terraza, de la manera más sofisticada que se me pudiese ocurrir bebérmelo... pero tuve que adelantar el momento. En cuanto colgué me fui directa a la cocina con la estúpida frasecita retumbando en mi cabeza...
En fin, no me queda más remedio que asumirlo. Una vez te dicen esa frase es como asumir que uno ha terminado la EGB y empieza otra etapa... Como el día que me encontré mi primera cana (y la única, por cierto). Ya no hay vuelta atrás.


Al final, os podéis imaginar que un grupete de amigas me rescató de la soledad (y patetismo), y tuve mi cenita cumpleañera, mis regalitos, mis risas, más alcohol... ¡¡¡Gracias niñas!!! Lo único lamentable fue que llegué a mi propia fiesta de cumpleaños totalmente achispada... Rescatar me rescataron, pero ya llevaba 3/4 de botella en el estómago...


Moraleja: Dramatizar no sirve de nada, pero con lo peliculera que soy me resulta imposible no hacerlo...
Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...
Posdata- no os recomiendo superar un pensamiento negativo con los dos siguientes factores: alcohol+soledad.
Es posible que las conclusiones se magnifiquen de manera negativa.
Para más información consulte a su médico o farmacéutico...


lunes, 18 de mayo de 2009

Preguntas sin respuesta

Este fin de semana reflexionaba en el avión (ultimamente no paro!) con una terrible terrible resaca de la que tras trece horas de sueño me he recuperado, sobre las preguntas que masocamente hacemos, y de las que en realidad no queremos saber la respuesta.

¿Por qué lo haremos?



Ejemplos:




a) Entre amigas: ¿a que es mono mi pantalón nuevo? ¿conocéis alguna otra alternativa a "sí"? Yo todavía no.


b) Te tiras 3 horas arreglándote en el cuarto de baño, quedan menos 6 minutos para tu cita, sales y preguntas a tu compañer@ de piso: ¿estoy bien? ¿está bien el maquillaje? Ver a) para saber la respuesta.


c) Mirándote al espejo delante de tu pareja: ¿estoy gorda, cari? ¿Para qué lo preguntas? ¿de verdad no lo sabes? ¿necesitas el criterio de otro para saber lo que es gordo y lo que es flaco?


d) En la pescadería: oiga, este besugo, ¿está fresco? No, señora, llevo una semana con él y ya le hemos bautizado y todo, lo tengo ahí para hacerme compañía. Es la mascota de la casa. ¿Qué te va a decir el señor detrás del mostrador cuyo trabajo consiste en vender la mercancía, y cuanta más mejor, además?

e) En un restaurante: ¿qué me recomienda para cenar? ¿de verdad quieres saber en qué consiste la recomendación de la casa? En las sobras de anteayer que no consiguen quitarse de encima ni haciendo croquetas.

f) Con tu pareja: cari, si te encontrases en un ascensor que bruscamente se bloquea durante 6 horas, y cuando miras a tu izquierda descubres que está también Giselle Bunchen sin ropa y poniéndose aceite corporal... ¿me engañarías? ¿Qué harías tú si te encontrases a Jude Law semidesnudo suspirando por tus huesitos y susurrándote lindezas? Pues lo mismo tu churri.


g) En tu decimoséptimo aniversario, ¿me quieres? No, llevo 20 años invertidos en esta relación por una apuesta.




h) ¿Tú crees que aprobaré? ¿Qué decir? ¿Y yo qué sé?



i) ¿Mañana hará bueno? ¡Pero si no lo sabe ni la Agencia Estatal de Meteorología!




Esto me recuerda al programa de Anda ya, que ponen en los 40 creo, y que la gente llama para poner a prueba a sus parejas con llamadas ridículas y luego la parte perjudicada (en general mujeres) se enfada mucho, y yo digo, ¿acaso no se merecen lo que les pasa? ¿qué necesidad tienen de saber algo que es mejor no preguntar? ¿no creéis que hay cosas que es mejor no saber?Además, a estas alturas ya de la película, el que cae es que es tonto, porque el programa lleva más años que la tos.

Yo creo que simplemente es una manera de reforzar la autoestima en unos casos (a, b, c, f, g), hacerse el interesante en otros (e), ser un poco plasta (h, i), o estar un poco despistado (d), o simplemente ser un poco tonto (todas en general).


Así que no puedo terminar sino con una pregunta, ¿os gusta mi blog? ;)
Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...


martes, 12 de mayo de 2009

Cómo ser mujer y no morir (de rabia) en el intento

¿Nunca habéis pensado que Dios se ha equivocado al otorgaros el sexo que ostentáis? No en plan, quiero operarme. Más bien en plan, me doy vergüenza ajena, yo y todas las de mi calaña (oséase, las hembras).


No hace mucho tiempo, bueno, sí, hará unos 5 años, estaba yo plácidamente en mi casa esperando a que diesen las 12 de la noche para ir a buscar a mi hermana al aeropuerto. Había llegado a casa un rato antes y había tenido mucha suerte porque encontré un sitio para aparcar perfecto en la misma puerta. Me las prometía muy felices por entonces.

Después de tragarme cualquier basura televisiva, cogí llaves y bolso y muy dispuesta me iba a por mi hermana. Al llegar al coche veo que otro coche ha aparcado de manera muy extraña, de forma que parecía que bloqueaba mi coche. Yo que tengo horchata en las venas ni me inmuto, me meto dentro del coche y me digo, qué raro ha aparcado ese coche, pero mi coche saldrá, porque no me van a dejar aquí encajonada.
Por aquel entonces la antigüedad de mi carné de conducir se podía contar por meses, por lo que no era yo precisamente un Fernando Alonso al volante, y mi pericia dejaba mucho que desear.
Arranco mi maltrecho automóvil, empiezo a girar el volante (era de esos de dirección insistida en lugar de asistida), maniobro y... nada, así no cabe el coche, no puedo salir. Respiro, empiezo de nuevo y pienso, lo estoy haciendo mal, ajústalo al máximo y saldrás de este encajonamiento al que te han sometido. Otra vez, resoplando por el esfuerzo físico (qué volante aquel...) y tampoco.


La horchata de mis venas empieza a mudarse en sangre, además caliente. Rompo a sudar, y mi cabezonería me lleva a intentarlo una tercera, cuarta y quinta vez. A punto de ponerme en mallas y calentines a lo Eva Nasarre de los sudores e hiperventilaciones, me tomo un minuto y me digo (típico en mí): ¡venga chavala, ánimo, que tú puedes! ¿Cómo no vas a poder? Piensa, pieeeennnsaaaaaaa....

Sexta, séptima... mi nerviosismo iba in crescendo. Me empezaba a temblar el pulso. La desesperación me invadía irremediablemente.

Entonces veo aparecer un tipo de mediana edad, el típico vecino de medio pelo que venía hacia el portal de casa, y por ende, hacia mi coche. Y le abordo de noche y en plena calle. Como diría unjuez, con nocturnidad y alevosía.
Le pido por favor que me ayude a sacar el maldito coche de su estúpido sitio porque un imbécil me había dejado encajonada. En el mismo instante que abro la boca para explicárselo todo, lágrimas que nunca fueron llamadas empiezan a aparecer en mis ojos, sin venir a cuento y TOTALMENTE en contra de mi voluntad. ¡Socorro!


En ese mismo momento y mientras el bueno de mi vecino se metía en el coche disimulando que no me había visto llorar, aproveché para llamar por el móvil a alguien (no recuerdo a quién, pero desde luego de muuuuucha confianza) y desahogarme para liberar tensiones, y así tenía un poco más de margen para dejar de soltar esas lágrimas estúpidas de rabia.

¿Por qué lloraba? Un tío nunca lloraría en esa situación tan tonta. Sólo las mujeres lloramos tontamente, ¡¡no lo puedo soportar!!

Mientras yo tengo ese conflicto interno, os podéis imaginar que el vecino cogió el coche y en unos 35 segundos lo tenía ya perfectamente desencajonado y listo para ir al aeropuerto.

Yo me había emperrado en sacarlo de una determinada manera (que obviamente no era factible) y él lo había sacado de otra que a mí no se me hubiese ocurrido ni en mil años mirando fijamente el coche.


¿Cómo creéis que le sentó esa humillación a mi ya decadente y maltrecho estado anímico? Yo, tratando de disimular las lágrimas que seguían recorriendo mi cara sin permiso, y tiene que venir un hombre a salvarme... Era el estoque final.


Apresuradamente le dí las gracias como pude, me metí en el coche y ya me fui relajando. El terremoto emocinal había pasado.


Es la única vez que he perdido los papeles en ese sentido, pero no me olvidaré nunca de la rabia que sentí por llorar, por ser mujer, por sentirme inútil, y por tener que dejarme ayudar por el bueno del vecino que no tenía culpa ninguna, pero era un hombre, y eso me enfurecía aún más...

¿Es por ser cabezota como yo sola, o somos todas así? Ya os digo que en ese momento lo hubiera dado todo por ser hombre... ¿sólo me pasa a mí? y lo que es más importante ¿vosotros, hombres, hay momentos en que lo darías todo por ser mujeres? Salvo en contadas excepciones del tipo veros en el espejo desnudas y profundidades del estilo, apuesto a que no...



Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...


martes, 5 de mayo de 2009

No robarás...

Puedo decir CON miedo a avergonzarme... que he sucumbido al deporte nacional por excelencia: robar basura.

Os pongo en situación. La noche de autos me encontraba entrando en el garaje de casa con mi chulazo, y distraídamente miro a mi izquierda y...

...mosquis... vaya par de butacas más monas para mi terraza hay al lado del contenedor...

-¿Qué te parecen pichoncito?

-Que no me representas. No quiero saber nada del tema. Fingiré no conocerte.
Después del corte (de pronto ya no me pareció tan pichoncito), me olvido del tema durante treinta y seis segundos (el tiempo que tardo en introducir ajustadamente el coche en las inverosímiles plazas de aparcamiento de hoy en día), pero la idea rondó mi cabeza de nuevo, y tras pensarlo durante otros 4 segundos me decido de manera unilateral a hacerme con aquellas butacas, no sin antes atravesar un ínfimo ataque de moralidad, ya que desde los 7 años a los pi que tengo ahora he dado la tabarra a mis padres las tres veces que han aparecido en casa con alguna reliquia de la que se había deshecho algún vecino sin sensibilidad. ¡Y ahora soy yo la que lo hago!
Superado tal ataque, de duración aproximada de 8 segundos, me enfrento al siguiente ataque, bastante más intenso, que invade mi cerebro: ¡la vergüenza!
Necesitaba actuar limpiamente, de manera rápida, para ser vista por el menor número de viandantes posible. Que me vean hurgando en la basura es una imagen a la que no me puedo enfrentar. Así que intento acordarme de las claves de Marnie La Ladrona (aunque no tengo tiempo ni medios para cambiarme y adquirir el glamuroso total black de Tippy Hedren) y en vulgares vaqueros me deslizo entre las sombras del garaje mientras dejo a mi hombre descargando la compra semanal y recordándose el porqué de nuestra relación.


Asomo la cabeza por la puerta del garaje diseñando la estrategia del hurto. Ni Perry. Me envalentono y salgo a la calle.


Me acerco a las butacas para examinar su estado y de entre las sombras, de la manera más repentina y sorpresiva, brota una señora:

-¡Son una monada, ¿eh?! Ya les había echado yo el ojo. ¡No lo dudes guapa!

-D'oh!



Tras hiperventilar durante 6 segundos, me repongo y me digo: "sólo te ha visto esta señora, no la conoces de nada, y probablemente nunca irá a tu casa; es más, no la volverás a ver en tu vida".

Me repongo un poco, pero mis mejillas parecen magma por el bochorno; dignas del más exhaustivo estudio científico. De hecho tengo la sensación de que ilumino un poco la acera. Nada ventajoso para la discreción que busco en tan delicado momento.



Examinada la pareja butaquil (que veo nítidamente en medio de la noche gracias a mis mejillas antes comentadas) determino cual anticuaria acreditada, que están en perfecto estado para uso doméstico.

Supongo que habéis visto en las películas que los asesinos y secuestradores tras cometer su delito se suelen cambiar el look, supongo que para expiar la culpa. Pues bien, yo ya tengo en mente la pintura que voy a comprar para que las pobres víctimas (butacas) nunca me recuerden el terrible lugar de donde procedieron. Las visualizo ya en mi terraza, son mías.


Pongo butaca sobre butaca , resoplo, y empezando a vencer (o eso es lo que yo creía) la terrible sensación de vergüenza que se apodera de mí, me deslizo de nuevo entre las sombras del garaje. Me encuentro a escasos metros del ascensor, y una vez allí ya me encontraría protegida de miradas indiscretas. Mi meta a tiro de piedra. Sólo me ha visto aquella estúpida señora que paseaba al chucho, prueba casi superada.


Me las prometía muy felices a 15 metros de la puerta del ascensor cuando... ¡Maldición! Una pareja mayor y bastante desagradable se dirige a su utilitario. ¡Mis vecinos del primero! Me pillan. Qué vergüenza.

No tengo alternativa. Se encuentran entre mi chulazo (que ya está saludándoles) y yo. No puedo ir ni palante ni patrás. Let's face it.



En pleno microinfarto, inspiro y expiro repetidamente (pesan las jodías) y decido actuar de la única forma posible: fingiendo naturalidad. Como si robase cosas en la basura todos los días. Como si llevase un guante blanco en el bolso por si acaso. Levanto barbilla y saludo. El color de mis mejillas se ha encendido tanto que ya parecen los faros de Xenon del coche.
La señora se empieza a sonreir y de pronto lo entiendo todo... ¡horror! ¡qué bochorno! ¡son suyas! ¡las ha tirado ella! ¡y yo ahí recogiendo su basura 9 minutos más tarde! La cara de mi maromazo es un poema, y yo visualizo mentalmente el desfibrilador de emergencia que guardo en casa para usarlo en cuanto suba.


- Monas, ¿ehhhhh?
- Sí señora, pero es que yo...
- Claro hija!!! Si la juventud tenéis que disfrutar!!
- Ya señora pero permítame explicarle...
-Además están nuevas, ¿eh?
- No lo dudo, pero...
- Lo que pasa es que ya no tenemos espacio en casa.
- Es una lástima, yo...
- Hale guapos, que las disfrutéis!
- Seguro que sí, lo que pasa es que...
- Adiós!! Ayyy esta juventud..

En esta pequeña fábula mi mensaje es que para algo está el mandamiento número siete. Lleva miles de años pensado, analizado y comprobado. Pero yo siempre me tengo que creer más lista que nadie y lo pago con los sofocones que me agarro.




Eso sí, me quedan de monas....



Hasta pronto pequeñ@s drugos...

domingo, 3 de mayo de 2009

Viaje con nosotros

Deshechas las maletas, puestas unas cuantas lavadoras y retomando mi vida, me planteaba (¡cómo no!) la intrigante actitud del ser humano.
Ante un gran viaje (más allá de Burgos) la reacción normal, por lo menos la mía y la de las personas que me acompañaron, es: ¡pufff! no me lo creo.

Te compras el billete como quien se compra un cupón, en plan, luego habrá un sorteo y a ver si me toca. No te crees que te vayas a ir.


Seguro que al final surge un imprevisto del tipo se-cancela-el-vuelo-por-haber-un-meteorito-intergaláctico-en-el-medio-del-areopuerto-y-lo-ha-puesto-todo-perdido o del tipo lamentamos-comunicarle-que-el-comandante-y-la-tripulación-han-sido-contagiados-virulentamente-por-un-virus-porcino-que-les-paraliza-las-manos-por-favor-abandonen-el-avión-por-la-puerta-delantera... y tu te quedas en casita tal y como estabas, que tampoco se está tan mal (piensas para convencerte).

La emoción previa a un viaje yo no la comparo con nada. Se va acercando el día,y empiezas a soñar con el sitio, a imaginarte paseando por sus calles, yendo de compras (compras, sobre todo compras!)....

¡¡Y llega el día!! Te ves en el aeropuerto, tarjeta de embarque (si no las has imprimido ya desde casa), control de seguridad, por-favor-señora-sáquese-los-zapatos, ¡¡uy!! si yo no sabía que no podía llevarme mi bote de laca de 3/4 de kilo a casa de mi cuñado que el pobre está fatal (verídico), puerta de embarque y por fin...
¡gracias, buen vuelo!
La azafata destroza tu preciada tarjeta de embarque la cual has custodiado como a tu propia vida, y ya estás en el avión.
Al sentarme en mi sitio que identifico alfanuméricamente, ya me siento otra vez como en casa. Cual can, reconozco bien el asiento, me aferro a él, y me entran unas irrefrenables ganas de orinar alrededor marcando territorio. Y lo haría si cupiese en esa postura, pero hacinados como vamos en los aviones, se me antoja una maniobra digna de la mejor contorsionista. Ese es mi sitio donde comeré y dormiré las próximas horas. Lo más parecido a un hogar. Triste, ¿eh? Quizá con unas cortinas...

Es entonces cuando mi actitud va cambiando. Empiezo a venirme arriba. Irremediablemente estoy yendo a mi destino (salvo que el avión dé la vuelta por Melendis, etc...) y me voy creciendo. Mi actitud empieza a ser más del tipo: bueno, a ver qué tal está la famosa ciudad ésta. Como ya, haciéndome la interesante.

Tras cabecear de manera olímpica (debería ser un deporte, soy tan buena!) encima de mis pobres vecinos de asiento, oyes cómo el Comandante dice por megafonía que en 20 minutos estaremos en destino, que la temperatura es de tantos grados, y que esperan volver a vernos pronto, cosa que así harán ya que nos tienen que devolver a casa...


Y llegas al destino con el que has estado soñando y esperando semanas o meses, según tu capacidad de planificación. Atraviesas el nuevo aeropuerto que siempre me parece muuuuuucho peor que mi adorada T4, y te vas al hotel/apartamento/casa de un amigo.
Por el camino vas flipao mirando por la ventanilla cual Paco Martínez Soria, y yo en general hablando con el taxista de turno.


Una vez instalado en tu alojamiento, sales a la calle, y ya vas flipando menos. Hasta que en cinco minutos, ya te sientes de ahí. Es como si llevases ahí toda tu vida. Te atreves con frases como "hombre, todo el mundo sabe que el mejor restaurante es CasaPepe (por ejemplo)", o "no, yo paso de ir a la cafetería donde Hemingway se fue sin pagar porque es muy turística"
... pero... ¿y tú qué te crees que eres? ¿un turista de diferente raza? En general las cosas turísticas son turísticas por algo, no? Hay pequeñas excepciones donde lo que son es una tomadura de pelo, pero en general, si algo es turístico es porque tiene algún atractivo digno de ver, ¿no?


En fin, como ya llevamos varios días en el destino soñado, ya te crees por encima del bien y del mal. Saludas al de la panadería como si tal cosa, y ya te sabes las líneas de metro/bus que coger para manejarte por la ciudad.




Y cuando ya te crees el rey del mambo... ¡¡arrivederci!! Se acabó lo que se daba. Hasta luego. Sayonara baby. Auf Wiedersehen. Aloha. Ciao. Agur. Au revoir. Bye bye. Vuelta a casa. Qué pena...
Hay una parte de mí que siempre quiere volver para estar en casita, con la gente a la que echas de menos... Pero otra parte ya se queda en esa ciudad para siempre. Yo me creo un poquito de allí. De hecho mi actitud al volver a España es tan fanfarrona que tengo que dejar pasar unos días sin hablar con mis amigos para conservarlos. Lo sé y lo asumo.


Viaje a la inversa con sus por-favor-señora-quítese-los-zapatos, y tú te has vuelto a olvidar y te pillan con el tomate en el calcetín otra vez (esas cosas sólo nos pasan a unos cuantos, yo creo que damos el perfil, cualquiera que sea, y van a por nosotros), y vuelves a casa.
El aeropuerto español de turno al que llegues ya te parece el salón de tu casa. Los euros, las marcas, los periódicos, los precios de un sandwich en el aeropuerto (deberían cotizar en bolsa)... todo lo conoces.
Luego a contar el viaje por ahí, recopilar fotos y mandárselas a tus compañeros de hazaña, y en menos que canta un gallo... como si nada. Sigues con tu rutina como si nunca hubiéses salido del barrio.
¿Lo bueno? Es que ese viaje no lo olvidarás nunca. Yo creo que con un viaje aprendes más que con 100 libros (y eso que me considero una ávida lectora), es un enriquecimiento personal sin parangón. Captas (cada uno con su sensibilidad y con sus intereses) cómo es un país, la personalidad de sus gentes, la calidad de su gastronomía (que a veces es para llevarse la barra de salchichón en la maleta), costumbres diferentes... y eso es lo importante de viajar, las cosas que por mucho que leas, no te imaginas. Que tienes que captar in situ.


Así que, poned un viaje en vuestras vidas, siempre que vuestra economía lo permita, aunque no os engañéis, se puede viajar por tres duros, y más ahora con esta estúpida crisis que hay unas ofertas que pa qué...


Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...

miércoles, 29 de abril de 2009

I'm back!


Qué ilusión....



Por fin en el sofá con las piernas en alto y el portátil sobre las rodillas, estoy de vuelta!!!





He estado perdida por el mundo adelante, y con miles de kilómetros a mis espaldas; sólo quería saludaros, en breve os cuento, no seais impacientes... Aún tengo que deshacer maletas...




Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...