¿Qué pasa entonces con las noticias que te tienen en vilo?
Que tu cerebro de pronto hace "click" cambia el chip, y se olvida de ellas para siempre. Desterradas de la materia gris.

Un terrible huracán arrasa las costas caribeñas o asiáticas y el mundo entero se vuelca, se crean mil cuentas para donantes caritativos, programas especiales con afán recaudatorio, envíos de aviones repletos de ayuda humanitaria... y en una semana no vuelves a saber nada de ese territorio, y lo peor, es que tú mismo te olvidas.
Esa sensación a mí me angustia, me siento totalmente dominada, controlada, vulnerable... Y es que estamos totalmente en manos de los medios de comunicación.

¿No ha pasado nada porque todos ocurren al tiempo por una alineación planetaria que enloquece a los canes? ¿O más bien no se cuentan porque el interés informativo del momento vira hacia otros lares? Por no hablaros de los terribles a la vez que incomprensibles accidentes de coches atrapados repentinamente en pasos a nivel con trágicas consecuencias... hace tiempo que no hay ninguno, pero de pronto hay cinco en un mes... ¿es posible que coincidan en verano cuando la mitad de los periodistas del país están de vacaciones y no tienen cómo rellenar los delgados periódicos estivales?

O "en las tiendas de moda juvenil ponen la música cañera y a tope para que te animes a comprar, y además rapidito" y te ves en la cola, teniendo el resto de la tarde libre, y empujando para pagar cuanto antes esas cuatro faldas (y venías a por una camiseta blanca de algodón...)

Desde luego, yo estoy segura que soy carne de cañón, porque no hago más que salir a ver qué se cuece por la nueva temporada, de manera inocente como un corderito, y no hacen más que manipularme con sus carros torcidos, su música infernal y sabe Dios qué inventos más que nunca sabré, y vuelvo a casa con tres prendas de ropa más, cinco tipos de galletas distintas del supermercado y unas latas de caviar iraní que ha tenido que adelantarme mi visa debido a mi incapacidad para afrontar el pago de las mismas...


Desde luego, yo estoy segura que soy carne de cañón, porque no hago más que salir a ver qué se cuece por la nueva temporada, de manera inocente como un corderito, y no hacen más que manipularme con sus carros torcidos, su música infernal y sabe Dios qué inventos más que nunca sabré, y vuelvo a casa con tres prendas de ropa más, cinco tipos de galletas distintas del supermercado y unas latas de caviar iraní que ha tenido que adelantarme mi visa debido a mi incapacidad para afrontar el pago de las mismas...

En fin, que no se puede estar a todo. La capacidad cerebral no da para más.
No obstante, de pronto hay un día en que te preguntas ¿qué ha sido de aquel señor en coma? ¿qué será del barrio del Carmel? ¿cómo va la investigación de Madeleine? y eso por no remontarme mucho más... ¿cómo irá la reconstrucción de Nueva Orleáns...?
¿Me he comprado los pantalones azules porque he entrado en la tienda en el momento en que subían el volumen de la canción...?
Los caminos de los medios de comunicación son inexcrutables...