
Siempre he sido una fanática. Siempre, siempre he sido fan de alguien. Fan no es sino abreviatura de fanátic@. Y todo extremo considero que no es bueno.
Cuando tenía dos años de edad, Marino Lejarreta ganó la vuelta a España. Y yo como loca, sabiendo decir mamá papá galleta y Marino Lejarreta. Incomprensible, ¿verdad? ¿A que ni siquiera sabíais que existía?
Una vez superada mi época pueril me introduje de lleno en la infantil; y vino el siguiente héroe otra vez montado en bicicleta: cómo no! Miguel Induráin. Esta vez empapelé carpetas y demás (más que nada por la cuestión de la edad, a los dos años me hubiese hecho el pañal de Marino, pero entonces no tenía medios...).
Tuve la suerte de poder verle (sin tocarle, ni escucharle, ni olerle, ni hablarle) en la vuelta a Galicia de 1995 (1996? ahora dudo...) No os imagináis el nivel de fanatismo, pero en este caso confieso que era la tónica general en el ambiente familiar que respiraba (y respiro). Grande Miguelón.

En mi época adolescente y ya con intereses más sexuales vino el mítico y para mí ya trasnochado Kevin Costner. Tenía una prima (la mejor) viviendo en Washington y me mandaba postales con su cara.
En esa época no podía deleitarme con el maravilloso Google-Imágenes, aún no existía la globalización, y me conformaba con la empapeladísima habitación/santuario. Afición que me consta, comparto con Lolita (no empapelar paredes, sino nuestro gusto por el mozo americano) (aunque ella estuvo con él! beneficios de famos@s...)
Aunque aún tenía que compartir algún poster con Induráin. Digamos que fueron una especie de compañeros de piso.

En fin, entre Kevin y Miguel tuve tan ocupada mi mente que se me pasaron los años, y vino una nueva revelación en mi vida, que confieso seguir todavía un poco enganchada. Y no es otro que Viggo Mortensen. Y El Señor de los Anillos.
Fanática no. Experta. No hablo élfico porque no hay ningún ordenador con los caracteres de tal lengua (nota mental: inventar ese ordenador). Me podéis preguntar lo que queráis que me lo sé. Del libro y de la peli. En castellano y en inglés.
En cuanto a Viggo pues fue su descubrimiento por mi parte y -hasta el momento- su mejor papel. Lo borda. Y a partir de esta película lo he ido conociendo (en sueños también) y enterándome que habla perfecto argentino, que pinta, escribe poesía, que tiene una novia de mi edad... En fin, todo tipo de requisitos para encandilar aún más a una fan de ser fan. Ampliaré este punto en futuros post, porque no puedo tocarlo sólo de lado...

Después de El Señor de los Anillos ha habido tiempo para que un nuevo superhéroe montado en un caballo blanco engatuse mis inocentes ojos deseosos de encontrar más héroes.
Y sí, como el de muchas de vosotr@s es Rafa Nadal. Como en estos momentos es el que ocupa mi altar, podríamos decir que es mi it, no tengo capacidad de descripción en cuanto a relatar los sentimientos que tengo hacia él. Qué suerte que nos haya tocado esta ápoca para poder disfrutar de sus victorias! (y qué suerte Xisca que le haya tocado disfrutar de otras cosas...)

En fin, y os preguntaréis: ¿y qué tiene que ver todo este rollo con Número 13, Calle Melancolía? Y yo os contesto: esta introducción viene a que en paralelo a mis fanatismos no-religiosos, tenía mis obsesiones musicales.
Así de Hombres G pasé a Tino Casal, sobre todo Queen, Loquillo, y cómo no, Joaquin Sabina.
Y como me siguen encantando (sobre todo éste último) pues es mi pequeño homenaje. Pero que no os engañe el título, no va a ser nada triste ni melancólico. Simplemente la frase me parece muy sonora y poética. That's it!
Y en cuanto al número 13 en lugar del 7... no tengo explicación. ¿No es más popular el 13? Vaaaaale, en realidad me equivoqué. Estaba tan abstraída en mis pensamientos... ahora ya está. Homenaje a Sabina sui generis. Y nada de supersticiones, eh?
Pd- ya sé que todos mis héroes son muy típicos, pero ¿qué esperábais? Tengo los mismos gustos que todo el mundo... O vosotras tenéis algo excéntrico que contar? Soy toda oídos...
Hasta pronto mis pequeñ@s drugos.