
Los periodistas se acercan, hacen sus preguntas, sus fotos, y tú lo ves a través de la tele o revistas con las imágenes de los menores pixelada.
Mi reflexión surge estos días concretos ya que hay dos personajes que me están llamando especialmente la atención: la madre de Dani Güiza, y la Duquesa de Alba.

La segunda anda en amoríos con un jovenzuelo sesentón. Ella, desde su silla de ruedas, y a punto de que le abran el cráneo para mejorarle la calidad de vida (por otro lado inmejorable… ya nos gustaría a muchos!) proclama a los cuatro vientos su amor. Bueno, no lo proclama en el sentido estricto de la palabra, básicamente porque no puede, de la glotis apenas le sale un hilillo de voz. De hecho últimamente veo que los programas en donde sale, se molestan en subtitular lo que dice…

En fin, a lo que voy, que me parece bárbaro que la octogenaria duquesa vuelva a sentir la sangre corriendo por sus débiles venas, y que la ex-suegrísima del momento esté que trina por las fechorías que ha podido cometer Nuriaber (no creo que le sorprenda a nadie, un angelito nunca ha sido…), pero… ¿no hay nadie que pueda proteger a esas señoras, tal y como se protege a un niño? ¿no se protege a los menores entre otras cosas por su falta de discernimiento? ¿y no peca de lo mismo (en estos casos) la vejez? No abogo por la censura, están en su derecho de decir lo que les dé la gana. Pero para mi humilde opinión, se les debería proteger. A ellas y sobre todo a sus seres queridos. No sé dónde está el límite entre la sabiduría que da la edad y la demencia senil, pero hay algunos casos en que me parece que se ve más lo segundo que lo primero.

Los niños no tienen dientes (o no todos por lo menos), no controlan su propio esfinter, tienen memoria a corto plazo… ¿en qué se diferencian de muchos ancianos? ¿y por qué la sociedad protege a unos y no a los otros?
¿Quién permitió emitir las imágenes de Marujita Díaz semidesnuda en un barco junto a Parada, montando un espectáculo lamentable a la par que repugnante? Para quien no ha tenido la oportunidad de verlo, imaginaos un arenque en salazón y ponedle unos pezones… aaarrrggghhhh… cada vez que lo recuerdo un escalofrío recorre mi columna vertebral… ¿Es que esa señora no tiene familia que abochornar? ¿Y Saritísima y sus bodas cubanas y escarceos amorosos a la italiana con otro octogenario? ¿Por qué no proteger su dignidad? Con lo discretita que es su hija… y ¿no puede hacer nada? Protegido como una caja fuerte de un banco suizo tenemos a Sacha Thyssen, y en cambio, ¿tenemos que aguantar a su abuela perdiendo papeles con pruebas de paternidad arriba y abajo?

Desgraciadamente el panorama español anda sembrado de personajillos de esta calaña. Algunos, pese a no ser tan mayores, sufren del mismo mal, y para muestra: María Jiménez y sus ordinarieces trasnochadas, Marc Ostarcevic (lo que le pega a este hombre vivir en la España del destape! Se ha equivocado de época, pobre…), Junior y sus extravagantes declaraciones desde que estrenó la viudedad, el plomizo Jaime Peñafiel y su obsesión rayana en la locura, el temeroso Carlos Larrañaga y sus cutre-conquistas de medio pelo… ¿es que toda esta fauna no tiene nadie que los proteja? (o lo que es más importante: que nos proteja a nosotros de ellos…)
Hasta pronto mis pequeñ@s drugos.