martes, 5 de mayo de 2009

No robarás...

Puedo decir CON miedo a avergonzarme... que he sucumbido al deporte nacional por excelencia: robar basura.

Os pongo en situación. La noche de autos me encontraba entrando en el garaje de casa con mi chulazo, y distraídamente miro a mi izquierda y...

...mosquis... vaya par de butacas más monas para mi terraza hay al lado del contenedor...

-¿Qué te parecen pichoncito?

-Que no me representas. No quiero saber nada del tema. Fingiré no conocerte.
Después del corte (de pronto ya no me pareció tan pichoncito), me olvido del tema durante treinta y seis segundos (el tiempo que tardo en introducir ajustadamente el coche en las inverosímiles plazas de aparcamiento de hoy en día), pero la idea rondó mi cabeza de nuevo, y tras pensarlo durante otros 4 segundos me decido de manera unilateral a hacerme con aquellas butacas, no sin antes atravesar un ínfimo ataque de moralidad, ya que desde los 7 años a los pi que tengo ahora he dado la tabarra a mis padres las tres veces que han aparecido en casa con alguna reliquia de la que se había deshecho algún vecino sin sensibilidad. ¡Y ahora soy yo la que lo hago!
Superado tal ataque, de duración aproximada de 8 segundos, me enfrento al siguiente ataque, bastante más intenso, que invade mi cerebro: ¡la vergüenza!
Necesitaba actuar limpiamente, de manera rápida, para ser vista por el menor número de viandantes posible. Que me vean hurgando en la basura es una imagen a la que no me puedo enfrentar. Así que intento acordarme de las claves de Marnie La Ladrona (aunque no tengo tiempo ni medios para cambiarme y adquirir el glamuroso total black de Tippy Hedren) y en vulgares vaqueros me deslizo entre las sombras del garaje mientras dejo a mi hombre descargando la compra semanal y recordándose el porqué de nuestra relación.


Asomo la cabeza por la puerta del garaje diseñando la estrategia del hurto. Ni Perry. Me envalentono y salgo a la calle.


Me acerco a las butacas para examinar su estado y de entre las sombras, de la manera más repentina y sorpresiva, brota una señora:

-¡Son una monada, ¿eh?! Ya les había echado yo el ojo. ¡No lo dudes guapa!

-D'oh!



Tras hiperventilar durante 6 segundos, me repongo y me digo: "sólo te ha visto esta señora, no la conoces de nada, y probablemente nunca irá a tu casa; es más, no la volverás a ver en tu vida".

Me repongo un poco, pero mis mejillas parecen magma por el bochorno; dignas del más exhaustivo estudio científico. De hecho tengo la sensación de que ilumino un poco la acera. Nada ventajoso para la discreción que busco en tan delicado momento.



Examinada la pareja butaquil (que veo nítidamente en medio de la noche gracias a mis mejillas antes comentadas) determino cual anticuaria acreditada, que están en perfecto estado para uso doméstico.

Supongo que habéis visto en las películas que los asesinos y secuestradores tras cometer su delito se suelen cambiar el look, supongo que para expiar la culpa. Pues bien, yo ya tengo en mente la pintura que voy a comprar para que las pobres víctimas (butacas) nunca me recuerden el terrible lugar de donde procedieron. Las visualizo ya en mi terraza, son mías.


Pongo butaca sobre butaca , resoplo, y empezando a vencer (o eso es lo que yo creía) la terrible sensación de vergüenza que se apodera de mí, me deslizo de nuevo entre las sombras del garaje. Me encuentro a escasos metros del ascensor, y una vez allí ya me encontraría protegida de miradas indiscretas. Mi meta a tiro de piedra. Sólo me ha visto aquella estúpida señora que paseaba al chucho, prueba casi superada.


Me las prometía muy felices a 15 metros de la puerta del ascensor cuando... ¡Maldición! Una pareja mayor y bastante desagradable se dirige a su utilitario. ¡Mis vecinos del primero! Me pillan. Qué vergüenza.

No tengo alternativa. Se encuentran entre mi chulazo (que ya está saludándoles) y yo. No puedo ir ni palante ni patrás. Let's face it.



En pleno microinfarto, inspiro y expiro repetidamente (pesan las jodías) y decido actuar de la única forma posible: fingiendo naturalidad. Como si robase cosas en la basura todos los días. Como si llevase un guante blanco en el bolso por si acaso. Levanto barbilla y saludo. El color de mis mejillas se ha encendido tanto que ya parecen los faros de Xenon del coche.
La señora se empieza a sonreir y de pronto lo entiendo todo... ¡horror! ¡qué bochorno! ¡son suyas! ¡las ha tirado ella! ¡y yo ahí recogiendo su basura 9 minutos más tarde! La cara de mi maromazo es un poema, y yo visualizo mentalmente el desfibrilador de emergencia que guardo en casa para usarlo en cuanto suba.


- Monas, ¿ehhhhh?
- Sí señora, pero es que yo...
- Claro hija!!! Si la juventud tenéis que disfrutar!!
- Ya señora pero permítame explicarle...
-Además están nuevas, ¿eh?
- No lo dudo, pero...
- Lo que pasa es que ya no tenemos espacio en casa.
- Es una lástima, yo...
- Hale guapos, que las disfrutéis!
- Seguro que sí, lo que pasa es que...
- Adiós!! Ayyy esta juventud..

En esta pequeña fábula mi mensaje es que para algo está el mandamiento número siete. Lleva miles de años pensado, analizado y comprobado. Pero yo siempre me tengo que creer más lista que nadie y lo pago con los sofocones que me agarro.




Eso sí, me quedan de monas....



Hasta pronto pequeñ@s drugos...

5 comentarios:

Fer dijo...

No sabes lo que te he echado de menos. Me he estado riendo durante por lo menos 15 minutos y claro mis compañeros de trabajo me han pedido que les pase lo que fuese que me estaba layendo :). Así que empieza a acostumbrarte a la fama.

Un besote
Fer

P.D. Hoy iremos SOLOS (snif snif) al Diverxo, nos acordaremos mucho de ti.

Lei dijo...

pues que quieres que te diga, yo tengo el gen robacosasde la basura muy desarrollado, me viene de familia, mis abuelos lo precatican desde tiempos ancestrales, si esta bien y te gusta, pues ale! al saco, mucho peor es hacer dematar....

besos

Cuatro ideas dijo...

Ná de ná, eso no es robar. Si se abandona el efecto en el contenedor es que no lo quieres. Pero no tiene gracia q la del primero sepa que tú eres quien las cogió. La más rápida, porque las cosas en los contenedores vuelan.

Paula R. dijo...

Guapa!! qué bien que estés de vuelta, lo que me he podido reir con el momento desfibrilador! jajaj
Ah y de robar nada, lo abandonado no tiene dueño y puedes hacerlo tuyo, ea!
UN BESO FUERTE!

Botica Pop dijo...

no se llama robar sino recuperar. los franceses lo manejan a la perfección.