domingo, 3 de mayo de 2009

Viaje con nosotros

Deshechas las maletas, puestas unas cuantas lavadoras y retomando mi vida, me planteaba (¡cómo no!) la intrigante actitud del ser humano.
Ante un gran viaje (más allá de Burgos) la reacción normal, por lo menos la mía y la de las personas que me acompañaron, es: ¡pufff! no me lo creo.

Te compras el billete como quien se compra un cupón, en plan, luego habrá un sorteo y a ver si me toca. No te crees que te vayas a ir.


Seguro que al final surge un imprevisto del tipo se-cancela-el-vuelo-por-haber-un-meteorito-intergaláctico-en-el-medio-del-areopuerto-y-lo-ha-puesto-todo-perdido o del tipo lamentamos-comunicarle-que-el-comandante-y-la-tripulación-han-sido-contagiados-virulentamente-por-un-virus-porcino-que-les-paraliza-las-manos-por-favor-abandonen-el-avión-por-la-puerta-delantera... y tu te quedas en casita tal y como estabas, que tampoco se está tan mal (piensas para convencerte).

La emoción previa a un viaje yo no la comparo con nada. Se va acercando el día,y empiezas a soñar con el sitio, a imaginarte paseando por sus calles, yendo de compras (compras, sobre todo compras!)....

¡¡Y llega el día!! Te ves en el aeropuerto, tarjeta de embarque (si no las has imprimido ya desde casa), control de seguridad, por-favor-señora-sáquese-los-zapatos, ¡¡uy!! si yo no sabía que no podía llevarme mi bote de laca de 3/4 de kilo a casa de mi cuñado que el pobre está fatal (verídico), puerta de embarque y por fin...
¡gracias, buen vuelo!
La azafata destroza tu preciada tarjeta de embarque la cual has custodiado como a tu propia vida, y ya estás en el avión.
Al sentarme en mi sitio que identifico alfanuméricamente, ya me siento otra vez como en casa. Cual can, reconozco bien el asiento, me aferro a él, y me entran unas irrefrenables ganas de orinar alrededor marcando territorio. Y lo haría si cupiese en esa postura, pero hacinados como vamos en los aviones, se me antoja una maniobra digna de la mejor contorsionista. Ese es mi sitio donde comeré y dormiré las próximas horas. Lo más parecido a un hogar. Triste, ¿eh? Quizá con unas cortinas...

Es entonces cuando mi actitud va cambiando. Empiezo a venirme arriba. Irremediablemente estoy yendo a mi destino (salvo que el avión dé la vuelta por Melendis, etc...) y me voy creciendo. Mi actitud empieza a ser más del tipo: bueno, a ver qué tal está la famosa ciudad ésta. Como ya, haciéndome la interesante.

Tras cabecear de manera olímpica (debería ser un deporte, soy tan buena!) encima de mis pobres vecinos de asiento, oyes cómo el Comandante dice por megafonía que en 20 minutos estaremos en destino, que la temperatura es de tantos grados, y que esperan volver a vernos pronto, cosa que así harán ya que nos tienen que devolver a casa...


Y llegas al destino con el que has estado soñando y esperando semanas o meses, según tu capacidad de planificación. Atraviesas el nuevo aeropuerto que siempre me parece muuuuuucho peor que mi adorada T4, y te vas al hotel/apartamento/casa de un amigo.
Por el camino vas flipao mirando por la ventanilla cual Paco Martínez Soria, y yo en general hablando con el taxista de turno.


Una vez instalado en tu alojamiento, sales a la calle, y ya vas flipando menos. Hasta que en cinco minutos, ya te sientes de ahí. Es como si llevases ahí toda tu vida. Te atreves con frases como "hombre, todo el mundo sabe que el mejor restaurante es CasaPepe (por ejemplo)", o "no, yo paso de ir a la cafetería donde Hemingway se fue sin pagar porque es muy turística"
... pero... ¿y tú qué te crees que eres? ¿un turista de diferente raza? En general las cosas turísticas son turísticas por algo, no? Hay pequeñas excepciones donde lo que son es una tomadura de pelo, pero en general, si algo es turístico es porque tiene algún atractivo digno de ver, ¿no?


En fin, como ya llevamos varios días en el destino soñado, ya te crees por encima del bien y del mal. Saludas al de la panadería como si tal cosa, y ya te sabes las líneas de metro/bus que coger para manejarte por la ciudad.




Y cuando ya te crees el rey del mambo... ¡¡arrivederci!! Se acabó lo que se daba. Hasta luego. Sayonara baby. Auf Wiedersehen. Aloha. Ciao. Agur. Au revoir. Bye bye. Vuelta a casa. Qué pena...
Hay una parte de mí que siempre quiere volver para estar en casita, con la gente a la que echas de menos... Pero otra parte ya se queda en esa ciudad para siempre. Yo me creo un poquito de allí. De hecho mi actitud al volver a España es tan fanfarrona que tengo que dejar pasar unos días sin hablar con mis amigos para conservarlos. Lo sé y lo asumo.


Viaje a la inversa con sus por-favor-señora-quítese-los-zapatos, y tú te has vuelto a olvidar y te pillan con el tomate en el calcetín otra vez (esas cosas sólo nos pasan a unos cuantos, yo creo que damos el perfil, cualquiera que sea, y van a por nosotros), y vuelves a casa.
El aeropuerto español de turno al que llegues ya te parece el salón de tu casa. Los euros, las marcas, los periódicos, los precios de un sandwich en el aeropuerto (deberían cotizar en bolsa)... todo lo conoces.
Luego a contar el viaje por ahí, recopilar fotos y mandárselas a tus compañeros de hazaña, y en menos que canta un gallo... como si nada. Sigues con tu rutina como si nunca hubiéses salido del barrio.
¿Lo bueno? Es que ese viaje no lo olvidarás nunca. Yo creo que con un viaje aprendes más que con 100 libros (y eso que me considero una ávida lectora), es un enriquecimiento personal sin parangón. Captas (cada uno con su sensibilidad y con sus intereses) cómo es un país, la personalidad de sus gentes, la calidad de su gastronomía (que a veces es para llevarse la barra de salchichón en la maleta), costumbres diferentes... y eso es lo importante de viajar, las cosas que por mucho que leas, no te imaginas. Que tienes que captar in situ.


Así que, poned un viaje en vuestras vidas, siempre que vuestra economía lo permita, aunque no os engañéis, se puede viajar por tres duros, y más ahora con esta estúpida crisis que hay unas ofertas que pa qué...


Hasta pronto mis pequeñ@s drugos...

4 comentarios:

Lapau dijo...

Me alegro mucho que te lo pasaras tan bien. Estoy contigo, siempre que se pueda, hay que poner un viaje en nuestras vidas.. para mi, mejor que un masaje relax jajajaja

Por cierto hay sorteo de un vestido de Jordi Labanda en mi blog!

Bss, feliz regreso!

Lei dijo...

ha sonado muy divertido tu viaje.. los mios suelen ser mas aburridos, ya sabes, visitar monumentos y tal ...

pro_magicalonso dijo...

Se nota que te lo pasaste superbien me alegro de ellos, a mi me encanta eso de viajar, aunque no se puede todo lo que uno quiere. Un beso

Cuatro ideas dijo...

Welcome back! La del antizaz eres tú???:D

Bss